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Tres cosas tiene el amor

October 29, 2017

(Read an English version of this post at saltandlighttv.org/blog)

Desde muy joven a mí me ha interesado este tema del amor. En particular porque si Jesús dice que amar es el mandamiento más grande, entonces tenemos que entender que quiere decir amar. Podemos pasarnos la semana entera explorando todos los significados del amor y que quiere decir amar a Dios y amar al prójimo, pero hoy quiero reflexionar sobre tres cosas que tiene el amor que no se deben olvidar.

En el 2015 tuve la oportunidad de ir a Puerto Rico a un simposio misionero en preparación para el 5º Congreso Americano Misionero que va a ser en Santa Cruz de la Sierra en Bolivia en el 2018. Había más de 100 delegados de 23 distintos países de toda Latinoamérica, el Caribe, Canadá y los EE.UU.

Durante la misa final del encuentro, obispo de la diócesis de Cagua, Mons. Rubén González Medina, CMF, recordó una canción del cantante Fernando Leiva, Tres Cosas Tiene el Amor:

“Tres cosas tiene el amor que no se pueden olvidar:
Que Dios nos amó primero, que hay que darse por entero y ponerse a caminar.”

En ese momento me di cuenta de cómo el amor es fundamental para todo en nuestra fe.

No es ninguna sorpresa que el Papa Francisco se la pasa recordándonos que el evangelio es alegría. Así se llama su primera Exhortación Apostólica: Evangelii Gaudium, La Alegría del Evangelio (si no la han leído, deben hacerlo). La primera línea en el documento dice, “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús.” El evangelio debe traer alegria, sino no es evangelio, no es buena noticia. Y si todos nosotros, como cristianos, vamos de verdad a ser misioneros, si de verdad vamos a ser evangelizadores, es porque estamos llenos de alegria, de gozo. (Casualmente, el lema del CAM en Bolivia es “¡América en misión, el Evangelio es alegría!”)

¡Debemos poder saber quiénes son los cristianos por su gozo!

¿Y por qué estamos llenos de gozo? Porque estamos enamorados. ¡Estamos llenos de amor!

Imagínate que acabas de descubrir la cura para el cáncer. Imagínate como te sentirias. Imagínate la emoción y la anticipación que sientes al querer decirle al mundo entero. Tengo unos amigos que apenas compraron su primero carro – el carro que tanto querían y que habían ahorrado tanto para poder comprar – no podían esperar para ensenárselo a todos sus amigos.

Piensa en tu primer amor, o cuando conociste a tu esposo o esposa. ¿No querías compartir esa noticia con todo el mundo? ¿No querías que todos la conocieran? Estabas emocionado y enamorado. Es por so que compartimos la Buena Nueva: porque estamos enamorados.

Es más, esa es la Buena nueva: ¡Que Dios nos ama!

Y esa es la primera cosa del amor que no debemos olvidar.

El Papa frecuentemente inventa algunas palabras – es más, no sé si son argentinismos o porteñismo, o si son palabras que él ha inventado – hace unos años usó la palabra: primerear. ¿Saben lo que quiere decir? La pobre gente que no habla español tiene muchos problemas entendiendo el significado. Pero nosotros sí sabemos lo que quiere decir que “Dios nos primerea”. Es más que decir que “Dios nos pone primero.” Dios nos primerea. Dios nos hace los primeros; Dios nos pone en primer lugar; Dios nos amó primero; Dios nos ama primero. Primero somos amados por Dios. Esto nunca lo debemos olvidar.

¿Y como nos ama Dios?

Dios nos ama totalmente. Dios se nos entrega totalmente. Dios se da totalmente y enteramente a cada uno de nosotros. Es por eso que nosotros también nos tenemos que entregar totalmente. Como cristianos, eso es lo que quiere decir ‘sacrificio’. Siempre tenemos que estar dispuestos a darnos sin reserva. No quiere decir que tenemos que darnos totalmente a todo el mundo, pero sí quiere decir que cuando damos, eso que damos, lo tenemos que dar sin reserva. Lo damos totalmente. Nos damos por entero. Ese es el amor de Jesús en la Cruz.

Y es fácil hacerlo cuando estamos enamorados y sabemos que Dios nos amó primero. Es fácil hacerlo cuando estamos llenos de alegría. Es más, ¡es imposible hacerlo a no ser que estemos llenos de alegría!

Así es que tenemos que darnos por entero; esto nunca lo debemos olvidar.

Es por eso que el amor; el amar, es un movimiento.

La tercera cosa que no podemos olvidar sale naturalmente de la segunda; nos ponemos a caminar.

El amor no se queda estancado. El amor es movimiento; es crecer. Al momento que dejas de amar, dejas de crecer. Es por eso que a las revoluciones se les llama “movimientos” (y la Iglesia también está llena de Movimientos). Los que se oponen al movimiento se les llama “resistencia”. Cuando estamos llenos de pasión por algo, comenzamos un movimiento. Los que se oponen, crean una resistencia a ese movimiento. Crean una resistencia a ese mover para detener el movimiento. Nunca debemos resistir el amor.

Pero cuando hablamos de movimiento, hay que recordar que no solamente nos movemos; hay que moverse en cierta dirección. En el caso de los cristianos, nos movemos hacia Dios. El amor siempre nos mueve hacia Dios. Si quieres saber si de verdad estas siguiendo estos dos mandamientos de Jesús, de amar a Dios y amar al prójimo, piensa en qué dirección te estás moviendo. Te estás moviendo hacia Dios, ¿o te estás moviendo hacia tu ego?

Es por eso que caminamos. Es por eso que los discípulos camino a Emaús (Lucas 24:13-35), cuando les comienza a arder el corazón, se mueven – se levantan y se van. Dejan todo en la mesa, la comida sin terminar, las sillas caídas – no esperan al día siguiente, ni siquiera cierran la puerta – ¡se van inmediatamente de regreso a Jerusalén!

Comenzamos a caminar (y lo hacemos de prisa– como Lucas 1:39 describe el movimiento de María, la Madre de todos los misioneros), porque el amor nos hace movernos. Jesús nos envía: Vayan (Mateo 28:19). Pero aunque no seamos enviados, el simple hecho que estamos enamorados y llenos de gozo, porque hemos sido primereados y amados enteramente arde en nuestros corazones y nos hace ir.

Si amamos, debemos caminar, debemos ir. Esto nunca lo debemos olvidar.

Esa misa final del encuentro misionero en Puerto Rico, fué en la parroquia de San José en el pueblo de Aibonito en la diócesis de Cagua y la celebramos el 1 de Octubre, fiesta de Santa Teresita de Jesús. Santa Teresita es la Santa patrona de las misiones. La oración después de la Comunión ese día dice: “Que los sacramentos que hemos recibido, Señor, enciendan en nosotros aquel amor ardiente con que santa Teresa se entregó a ti y consiguió de tu misericordia el perdón para todos.”

Que el Señor encienda en nuestros corazones ese amor ardiente para que vayamos en amor, a amar, recordando siempre que Dios nos amó primero y se entregó enteramente por nosotros. Es por eso que nosotros también nos tenemos que entregar enteramente y ponernos a caminar.

El Papa les dijo a los jóvenes al final de la Jornada Mundial de la Juventud 2013 en Rio de Janeiro que “vayan, sin miedo, para servir.” Hoy yo les digo, “vamos, sin miedo, en amor (porque el amor acaba con todo el miedo), a servir. ¡Vamos a compartir la alegría del evangelio!

Eso es lo que quiere decir amar a Dios con todo nuestro corazon, toda nuestra mente y todas nuestras fuerzas, y amar al prójimo como a mi mismo.


Foto: Misa final de ese encuentro en la parroquia de San José en el pueblo de Aibonito en la diócesis de Cagua, Puerto Rico. Cortesía de Wally Tello.

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From → Español, Reflections

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