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Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz

December 24, 2013

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Lecturas: Lucas 2:1-14 y Mateo 1:1-25

Ya llegó la Navidad y todas esas preocupaciones que tenemos; la comida; los invitados; la familia, los regalos – se multiplican. Pero se supone que Jesús nació para traernos la paz. Pero en este tiempo del año, a veces, lo que menos sentimos es paz.

Y venimos a misa para por lo menos tener un momentito de paz. Esperamos escuchar en el Evangelio esa linda historia de navidad con los ángeles y el cielo estrellado; con los pastorcitos y los corderitos (o nos imaginamos que si hay pastores, debe haber corderitos). Pero en vez de esa linda historia, escuchamos esta larga lista de nombres: ¡Los antepasados de Jesús! Todos esos nombres que no se pueden pronunciar: Jeconías, Zorobabel y Roboam. ¡42 nombres! ¿Qué tiene que ver todo eso con la Navidad?

Bueno, tiene que ver con la paciencia de Dios; con su fidelidad y su plan. Y de eso se trata la Navidad: De la paciencia de Dios, de su fidelidad y de su plan. Es una lectura que nos recuerda que Dios es más grande que todos nosotros y nuestros planes. En los antepasados de Jesús tenemos a todos los héroes y a todos los mafiosos de la historia Hebrea. Tenemos a todos los santos y a todos los pecadores.  Comenzando con el más grande, Abraham, el papá de todo el pueblo Judío.  Abraham tuvo una fe increíble. Y su hijo Isaac también fue un grande. Pero el  hijo de Isaac, Jacob, fue un medio mentiroso y hijo mayor de Jacob, Judá fue el querido hermano a quien se le ocurrió la gran idea de vender a su hermanito José a la esclavitud. El que le sigue a Judá, Fares fue uno que nació porque Judá se acostó con su nuera, Tamar, pensando que era una prostituta. Y así seguimos con unos antepasados no muy perfectos hasta llegar al rey David; el gran rey David; grande y lujurioso que se acuesta con la esposa de Urías (que casualmente era uno de sus amigos y generales) y cuando se entera que está embarazada hace unos arreglos para que Urías muera en el campo de batalla. Pero es uno de los hijos de David con la esposa de Urías que llega a ser el gran rey Salomón, uno de los grandes reyes de Israel. Y de ahí seguimos con todos los mafiosos y desastrosos hijos, nietos y bisnietos de Salomón cuyos pecados llevaron a la división de Israel y Judea y al exilio en Babilonia. Y del exilio, catorce generaciones más tarde nace San José que se casa con esa adolescente que ya estaba embarazada…

Es como nuestra familia, ¿eh? Todos tenemos en nuestras familias santos y pecadores; héroes y mafiosos – Todas las familias tienen divorcios y abusos – todas tiene alcohólicos y jóvenes embarazadas. En todas las familias hay mentiras, insultos, gritos y lágrimas. En todas tenemos muchas oportunidades para el perdón. Todos somos, en algunos momentos, santos y en otros, pecadores. Y a esa familia humana vino el Salvador. A una familia como la tuya y como la mía. Y es con esa familia con quien nos sentaremos para la cena de Navidad. Es con esa familia que esperamos una Navidad llena de paz, con comida, música, tragos y regalos.

Hoy celebramos el nacimiento de Dios-hecho-hombre. Hoy celebramos el nacimiento de Jesús, el rey de los reyes, el más grande de todos los grandes. Pero este rey no nace en un palacio. El nacimiento de ese rey no se celebra con comida – tanta comida que hay que desperdiciarla – ni con bebidas alcohólicas, ni con música, ni regalos. Este rey llega al mundo a través del vientre de una jóven adolescente que queda embarazada antes de casarse. Este rey, el más grande de todos, nace en un establo porque nadie les quiere dar posada.  Este rey no tiene donde nacer y llega al mundo en un establo, sucio y hediondo – junto a los animales que lo dejan acostarse en su pesebre. Y el anuncio del nacimiento no va primero a los ricos, poderosos y educados. El anuncio llega primero a los más pobres de los pobres, a los pastores. Y después del nacimiento la familia Santa tiene que huir a otro país porque el rey Herodes quiere matar al niño. Este rey de reyes no tiene donde vivir y vive sus primeros años como refugiado en otra tierra… Ese es nuestro Dios: el Dios de los pecadores, de los adúlteros, de los mentirosos y los que no confían en Dios. Es el Dios de los pobres, de los humildes, y de los que no tienen educación y de los que no tienen donde vivir. Recientemente el Papa Francisco dijo que “la fe de la Iglesia entra a través del corazón de los pobres.” No estoy totalmente seguro exáctamente qué quiere decir con eso, pero creo que es que aunque Dios se hace hombre para salvar a todos y las Buenas Nuevas son para todos, la buena noticia nos llega a través de los más pequeños. Siempre ha sido así. Y si tenemos problemas encontrando a Dios quizás es porque lo estamos buscando a donde no es.

Dios se encarna y nace en nuestra pobreza y en nuestra humildad. Dios se encarna y nace en nuestro dolor y en nuestro temor. A Dios lo encontramos cuando nos sentimos desterrados y perdidos. Cuando hemos perdido el camino, ahí encontramos a Dios. Si no encuentras a Dios, búscalo en los pobres, en los oprimidos y en los afligidos. Búscalo en los refugiados y en los cautivos. Búscalo en tu cansancio, en tu enfermedad, en tu ignorancia y en tu desempleo. Búscalo en tu dolor que ahí lo vas a encontrar.

Hoy celebramos el nacimiento de Jesús, Dios-hecho-hombre; el Dios que nos viene a salvar; que nos quita los pecados. Hoy también celebramos que Jesús va a regresar en su Gloria. Esa es la segunda venida – esa venida la esperamos con gozo. Pero hoy también celebramos otra venida; la tercera venida: Cristo que viene a nosotros diariamente cuando se lo pedimos y especialmente viene cada vez que nos reunimos a recibirlo en la Eucaristía.

Ese Dios, que es más grande que lo grande; el Dios, rey y creador del universo, que lleva al universo entero en su mano, así como se hace chiquito para entrar en el vientre de una adolescente, también se hace chiquito en forma de un pedacito de pan-sin-levadura, para que lo podamos ver; para que lo podamos adorar y para que lo podamos recibir como alimento;  Para que de verdad, de una forma muy real, entre dentro de nosotros y nos alimente. No seamos como los posaderos y hoteleros de Belén y démosle posada; dejemos que entre y nazca dentro de nuestros corazones cansados y afligidos.

Y esta Navidad, este Dios que nos trae la paz, va a entrar en tu vida y en tu familia, y los llenará de paz. Así podremos todos cantar: “Gloria a Dios en el cielo, en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!”

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From → Español

One Comment
  1. Merry Christmas to you and your family!
    ✟Peace always, Uncle Tree ▲

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