Skip to content

Una relación de amor

June 6, 2026

trinity-rublev
Reflexión para la Solemnidad de la Santísima Trinidad. Las lecturas son: Deuteronomio 4:32-34, 39-40, Salmo 33, Romanos 8:14-17 y Mateo 28:16-20

«Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo» (Mateo 28:20).

Ese tiene que ser uno de mis pasajes favoritos de la Biblia. Dios está con nosotros siempre, hasta el fin del mundo. Esa es una gran noticia. Si no recuerdas nada de lo que vas a leer hoy, al menos recuerda eso.

Como ya saben, mi nombre es Pedro. Cuando era chiquito siempre me sentía orgulloso de que mi patrono fuera el primer papa, San Pedro. Pero mi segundo nombre es Emmanuel, que quiere decir, «Dios con nosotros». Ese sí que es un nombre especial. Me sentía aún más orgulloso de mi segundo nombre. Me encanta la idea de que Dios está con nosotros.

Nuestro Dios no es un Dios lejano, sentado en un trono por allá arriba, en algún lugar del cielo. Nuestro Dios es un Dios que está con nosotros. Esa es la gran noticia; la buena nueva.

Hoy celebramos una gran fiesta: la Solemnidad de la Santísima Trinidad. La palabra «Trinidad» quiere decir «tres» y se refiere a la realidad de que nuestro Dios es un solo Dios en tres Personas.

No son tres dioses; es un solo Dios: «Escucha, Israel: el Señor es nuestro Dios, el Señor es uno» (Deuteronomio 6:4-5). Al mismo tiempo, es tres Personas. No son tres aspectos de Dios ni tres cualidades de Dios —creador, redentor y santificador—. No. Son tres Personas. Cada una, completamente distinta de la otra, pero todas igualmente, un solo Dios.

Un solo Dios, tres Personas.

Es difícil de comprender. Por eso decimos que es un misterio. Pero no es un misterio como una novela de Agatha Christie o un episodio de Scooby-Doo que tenemos que resolver. Cuando la Iglesia habla de misterio, se refiere a algo tan asombroso y maravilloso que no puede describirse completamente con palabras humanas. Puede comprenderse parcialmente, pero nunca completamente.

En la Iglesia usamos mucho esa palabra: misterio. Al comienzo de la Misa nos preparamos a «celebrar estos misterios». También hablamos del «misterio de la fe». Rezamos los «misterios del Rosario». Es más, la palabra griega para los sacramentos es «misterios». Y en la Iglesia tenemos varios misterios: el misterio de la Encarnación, el misterio de la Cruz, el misterio de la Eucaristía… Probablemente el misterio de la Trinidad es el más difícil de comprender: un solo Dios, tres Personas. Es imposible comprenderlo.

Pero lo bueno es que no tenemos que entenderlo completamente.

Es imposible compreder a Dios. Pero contemplar la Trinidad nos dice algo acerca de quién Dios es; nos dice algo acerca de su naturaleza. Y, como hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, también nos dice algo sobre nuestra propia naturaleza.

En la primera lectura (Deuteronomio 4, 32-34.39-40), Moisés usa varias imágenes para describir a Dios. No existen palabras que puedan describirlo completamente, pero a lo largo de esta lectura encontramos distintas imágenes. Moisés lo describe por lo que hace: Dios crea, Dios habla desde el fuego, Dios salva al pueblo de Israel. Al mostrar lo que Dios ha hecho, Moisés revela cuán grande es Dios.

Pero Dios no es solamente un Dios que hace. Dios es. Dios no es un hacer; Dios es un ser.

Y porque hemos sido creados a imagen de Dios, eso significa que nosotros también somos seres. No somos «haceres humanos»; somos seres humanos. No estamos definidos por lo que hacemos ni por lo que somos capaces de hacer. Nuestra dignidad proviene de quiénes somos: criaturas hechas a imagen y semejanza de Dios.

Pero Dios tampoco es simplemente una fuerza de la naturaleza, ni «La Fuerza» de Star Wars. Dios no es una energía ni un concepto. Dios es Persona. Eso quiere decir que podemos tener una relación personal con Él.

Y, como imagen de Dios, nosotros también somos personas. Somos personas desde el momento de la concepción hasta la muerte natural. No importa lo que hayamos hecho, o no hayamos hecho; no importa si estamos en coma o dormidos, o si sufrimos una discapacidad intelectual; no importa si estamos conscientes o no. Seguimos siendo personas.

Pero Dios no es solamente una Persona. Dios es tres Personas.

Y esto, para mí, tiene mucho sentido.

Si Dios es amor, entonces Dios no puede estar solo. No se puede ser amor en soledad. El amor requiere relación.

Si Dios es amor, tiene sentido que Dios sea una relación, una comunidad de Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Dios-Amor es una relación viva, dinámica y amorosa; una comunidad de amor entre tres Personas que continuamente y eternamente se entregan unas a otras y reciben esa entrega mutua. Puede sonar un poco «new age», pero es verdad.

Dios es comunidad. Dios es relación.

Y nosotros, como imagen de Dios, también estamos llamados a la relación. Estamos llamados a la comunidad. Estamos llamados al amor.

Dios no es solamente un ser; es un “ser-con”. Dios es «Emmanuel».

Y eso significa que nosotros hemos sido creados para estar con los otros y para estar con Dios.

Eso es lo que significa la comunión.

Y por virtud de nuestro bautismo —Jesús dice en el Evangelio (Mateo 28 :16-20) que debemos bautizar «en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo»— somos bautizados dentro de la Trinidad. Eso significa que, por medio de nuestro bautismo, podemos entrar en esa relación íntima, personal y amorosa del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

San Pablo dice en la segunda lectura (Romanos 8, 14-17) que ya no somos esclavos, sino hijos e hijas de Dios. Eso significa que ya no estamos fuera de Dios. Por virtud de nuestro bautismo, podemos participar dentro de la vida de la Trinidad. No desde afuera, como esclavos, sino desde adentro, como hijos e hijas.

Y esta es la gran noticia.

¿Y qué mejor ejemplo de esto que la Eucaristía?

Recibimos a Cristo en la Comunión. Pero no solamente a Cristo, sino a la plenitud de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. En la Eucaristía, Dios viene a vivir dentro de nosotros y nosotros somos introducidos dentro de Dios. Él permanece dentro de nosotros y nosotros permanecemos dentro de Él.

Y eso es extraordinario porque significa que cuando le rezamos a Dios, no le hablamos desde afuera; le hablamos desde adentro.

Así que cuando Jesús dice: «Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo», lo dice en serio.

Él es el Dios que es un “ser-con”.

Él está con nosotros y nosotros estamos con Él; Él está dentro de nosotros y nosotros estamos dentro de Él: Padre, Hijo y Espíritu Santo, siempre, hasta el fin del mundo. Amén.

From → Español

Leave a Comment

Leave a comment

Discover more from deacon pedro

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading